Tal día como hoy, el Consejo Kryptoniano cumple su decimoquinto aniversario, coincidiendo con la fecha de nacimiento de Christopher Reeve. Parece mentira mirar atrás y recordar aquel 2011 en el que decidí abrir este espacio, sin más pretensión que volcar en él mi afición por Superman, y todo lo que rodea a su legado audiovisual y de coleccionismo. Lo que comenzó como un rincón personal, escrito entre clases de la carrera, se ha convertido con el tiempo en un archivo lleno de reseñas, rarezas, análisis y vivencias compartidas. Si sigo escribiendo aquí después de quince años es porque, para mí, compartir estas cosas siempre ha tenido sentido. Este blog nunca fue sólo para hablar de simples objetos, sino para explicar por qué forman parte de mi historia. Esto no va de Superman, va de mi relación con el personaje.
En estos tres lustros han cambiado muchas cosas. La página ha evolucionado conmigo: de aquellas primeras entradas más breves y espontáneas, a textos más elaborados y dedicados, fruto tanto de la experiencia como del amor que sigo sintiendo por el personaje que me marcó de niño. Cada objeto reseñado, cada recuerdo del cine, cada reflexión sobre Superman, no deja de ser también una parte de mi propia historia.
Con el tiempo también comprendí que este espacio estaba dejando de ser únicamente un cuaderno personal. Poco a poco comenzaron a escribirme otros aficionados para compartir información, resolver dudas o enseñarme piezas que jamás habría imaginado ver. Gracias a esas conversaciones he podido acceder a material extraordinario, documentar historias prácticamente olvidadas y entender que el coleccionismo no consiste sólo en reunir objetos, sino también en preservar la memoria que los acompaña.
Sé que hoy en día las redes sociales son el escaparate principal, y que probablemente me darían más notoriedad. Pero nunca me ha terminado de gustar el ambiente que se respira en ellas. Y tampoco he escrito pensando en las estadísticas ni en los algoritmos. Este sitio es lo contrario, es calma, reflexión y un espacio propio al que regresar cuando quiero compartir algo de verdad, sin prisas ni modas pasajeras.
El blog me ha permitido participar en eventos, programas de radio y televisión, reencontrarme con viejos conocidos e incluso escribir dos libros, experiencias que jamás habría imaginado cuando empecé a escribir aquellas primeras entradas casi como un desahogo personal. Gracias a este espacio, lo que era una afición íntima fue encontrando eco fuera de la pantalla, generando conversaciones, invitaciones inesperadas y la sensación reconfortante de que aquello que uno hace con honestidad y constancia puede llegar más lejos de lo que cree.
Las dos obras fueron retiradas preventivamente por la editorial, como titular de los derechos, tras unas reclamaciones insistentes y carentes de fundamento. Al menos, se pudo donar íntegramente la parte como autor, dando así algo de sentido a aquel mal trago.
En este recorrido no puedo dejar de mencionar a dos personas que siempre estarán unidas a todo lo que he hecho. A mi madre, que me llevaba de niño al Videoclub Bermejo una y otra vez para alquilar Superman IV y me dejó grabada para siempre la atmósfera de aquel local. Y sin duda a mi esposa, que ha compartido colecciones, estrenos, risas y nervios, y que me ha enseñado lo que es ser feliz.
Sigo creyendo que este blog es, ante todo, una fortaleza de la soledad. Un lugar donde la nostalgia y el coleccionismo se dan la mano, y donde puedo seguir celebrando a Superman como mito cultural y como compañero de viaje. Gracias a todos los que alguna vez habéis pasado por aquí, a quienes habéis leído, comentado o simplemente curioseado. Vuestra presencia ha hecho que merezca la pena mantener vivo este proyecto durante tanto tiempo. Superman nos enseñó a creer que un hombre podía volar. El blog me ha enseñado a creer en la pasión y en el valor de compartir lo que uno ama. Por muchos años más.
























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