Era inevitable que escribiera una reseña de la nueva película de Superman, dirigida por James Gunn. Si sigues leyendo a continuación, es bajo tu responsabilidad, porque el artículo está cargado de spoilers.
Ya está aquí Superman (antes Superman: Legacy), una película esperada por algunos y rechazada por otros desde mucho antes de su estreno. Es el enésimo intento de DC por revitalizar la faceta cinematográfica del personaje, torpedeada por ellos mismos desde Superman II. Famosillos y aspirantes a influencer estarán encantados con su entrada gratuita y los me gusta cosechados, pero por mucho que pretendan estos próximos días vender que estamos ante «la mejor película de Superman de la historia» —esa frase os sonará—, la de James Gunn no lo es. Tampoco lo intenta, y quizá eso sea lo que más le beneficia.
Gunn y Peter Safran se auto-asignaron el reto de reconstruir el universo DC con un reinicio liderado por Superman. Lejos del tono verosímil de Zack Snyder, esta versión apuesta por lo caricaturesco, más cercana a los dibujos animados Mis aventuras con Superman que a un proyecto cinematográfico serio. De hecho diría que es como un largo episodio de esa serie, pero con actores. Sin embargo, encuentra algunos buenos momentos. Gunn aporta afabilidad al personaje, y David Corenswet lo interpreta con carisma. Sin profundizar mucho en la esencia de Superman, no deja de ser amable, positivo y bonachón.
Al principio, vemos al Hombre de Acero estrellarse en la nieve, escupir sangre. Pero pronto aparece Krypto para arrastrarlo hasta la Fortaleza de la Soledad, donde unos robots lo curan con luz solar. En ese mismo momento, vemos los hologramas de Jor-El (Bradley Cooper) y Lara (Angela Sarafyan) hablando por primera vez en el cine en kryptoniano. Sin estar completamente recuperado, Superman regresa a Metrópolis a enfrentarse al responsable de su caída: el Martillo de Boravia, un agente de un régimen ficticio del este europeo en conflicto con Jarhanpur, una nación pobre que Superman intenta proteger. Pronto descubrimos que el Martillo es sólo una marioneta de Lex Luthor (Nicholas Hoult), ahora reconvertido en magnate tecnológico y traficante de armas. Luthor, aliado del presidente de Boravia, lanza una campaña de desprestigio contra Superman, acusándolo de espía alienígena y manipulando —o no, porque no me queda del todo claro— un mensaje de sus padres kryptonianos, para que parezca que vino a conquistar la Tierra y someter a los terrícolas.
La premisa sugiere un conflicto emocional profundo, pero no lo es. En lugar de desarrollar una verdadera crisis interna, Gunn opta por ampliar el elenco con la Justice Gang: Green Lantern (Nathan Fillion), Mister Terrific (Edi Gathegi) y Hawkgirl (Isabela Merced). Lo que pudo ser un drama introspectivo se convierte en una película de grupo con acción frenética sin trasfondo, bromas sexuales —Gunn sigue sin alejarse de su oscuro pasado— y un sinfín de guiños, que diluyen cualquier exploración seria del personaje. Eso sí, no nos libramos de cierto mensaje político pro-Palestina, que ya ni siquiera Disney usaría. El conflicto planteado entre Boravia y Jarhanpur, son sin dudarlo representaciones ficticias de Israel y Palestina, respectivamente.
Superman termina actuando en equipo, y se subraya que ningún héroe es una «isla», pero el tema nunca se desarrolla con verdadera profundidad. Hay puntos interesantes —batallas contra kaijus, universos de bolsillo, cameos inesperados—, pero nada termina de calar. Todo se queda en superficie.
Esta versión lanza al espectador directamente en la acción, sin presentar su universo ni establecer reglas claras. Superman es afable, clásico y confiado. Derrotado por el Martillo de Boravia, descubre que éste es en realidad, un clon suyo (también interpretado por Corenswet). El actor cumple de sobra, pero no logra igualar el peso de sus predecesores Christopher Reeve (cuyo hijo Will aparece brevemente) o Henry Cavill.
Luthor, oculto tras portales interdimensionales, conspira desde una dimensión de bolsillo, amenazando con colapsar el universo. Lo acompañan dos secuaces: la Ingeniera (María Gabriela de Faría), con nanotecnología, y el propio Ultraman. Las batallas, visualmente impactantes, acaban saturando por exceso de efectos y falta de pausa, recordando por momentos a una producción animada. La historia se mueve de escenario en escenario con velocidad vertiginosa, sin permitir que el espectador asimile nada. El mundo parece un cómic: brillante, caótico y sin consecuencias reales. Ni siquiera los miembros de la Justice Gang —incluido un Metamorpho que pide rescatar a su hijo— están del todo bien integrados. Es un desfile de personajes y conceptos que no se desarrollan.
Clark y Lois Lane (Rachel Brosnahan) tienen buena química, pero su relación se trata con la misma ligereza que el resto del guion. Y no hablemos del personaje de Clark Kent... Hace pocos meses los más Gunners nos intentaban hacer creer que, íbamos a estar ante la vuelta de la versión de Reeve (inspirada a su vez en la actuación de Cary Grant en La fiera de mi niña), sin embargo sólo tenemos breves instantes de Clark en toda película.
La visita a Smallville, donde vemos a los Kent, resulta emocionalmente vacía. El único momento genuino llega casi al final, cuando Krypto, en una escena tan predecible como efectiva, acude a rescatar a Superman durante su pelea con Ultraman. El clímax se resuelve con una sucesión de combates. La llegada de Supergirl (Milly Alcock) en los últimos minutos abre camino a la próxima película de su prima.
Me quedo con la escena final con Superman viendo vídeos caseros de su infancia, con la canción Punkrocker cantada por Iggy Pop de fondo, la cual aporta una buena nota de ternura, pero llegan tarde. El mensaje es muy básico, Superman es como es gracias a la educación de los Kent.
Nicholas Hoult encarna a un Lex Luthor frío, sádico, maltratador y manipulador, pero su personaje se diluye entre tanta explosión y frenetismo. Lo mismo ocurre con Brosnahan y un Jimmy Olsen (Skyler Gisondo) atrapado en una subtrama ridícula con Eve Teschmacher (Sara Sampaio), novia del villano. La banda sonora homenajea al clásico de John Williams, pero ni eso logra recuperar la epicidad del 78. Sin embargo, considero que está bien integrada en el largometraje.
En resumen, Superman es una película visualmente impactante, con energía, ritmo y un reparto entregado. Pero también es muy superficial, emocionalmente plana, con un guion pobre y sobrecargada, un nuevo intento de franquicia interconectada que llega en medio del gran desgaste del género de superhéroes. Un película mediocre para tiempos mediocres.
Mi valoración: 5 sobre 10.
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