lunes, 28 de marzo de 2016

Batman v Superman: una película y una exposición bajo la misma mirada

Desde este 4 de marzo, los madrileños hemos asistido a una intensa campaña promocional de Batman v Superman: Dawn of Justice. Primero llegaron las marquesinas repletas de carteles de la película. Días después comenzaron a aparecer enormes logotipos de Batman y Superman repartidos por distintos puntos de la ciudad, convirtiendo el esperado enfrentamiento entre ambos héroes en una presencia constante para cualquiera que paseara por Madrid. Pero el acontecimiento más esperado para los aficionados de DC fue, sin duda, la inauguración de la Expo DC Comics en el Centro Cultural de la Villa Fernán Gómez, en la Plaza de Colón. Abierta hasta el 21 de abril y con un precio simbólico de dos euros, la exposición prometía convertirse en el complemento perfecto para el estreno cinematográfico del año.



La falta de información previa por parte de Warner Bros. España había disparado las expectativas. Muchos imaginábamos una muestra repleta de piezas originales, material de rodaje y recuerdos de anteriores producciones cinematográficas de DC. La realidad es algo más modesta. La exposición se compone principalmente de material audiovisual, algunos coleccionables, grandes murales y diversos elementos promocionales. Sin embargo, cuenta con un atractivo difícil de ignorar: los trajes originales utilizados en Batman v Superman. Sólo por eso ya merece una visita para cualquier seguidor del universo DC.




 


 

 

  









Tras recorrer la exposición y detenerme a contemplar cada detalle, llegó el momento de dirigirme al cine junto a mi hermano y varios amigos para enfrentarme, por fin, a la película. 

Debo reconocer algo desde el principio. El hecho de conocer de antemano la aparición de Gal Gadot como Wonder Woman —cuando perfectamente podrían haber ocultado su identidad o incluso haber jugado al despiste con otro personaje— y, sobre todo, la decisión de mostrar a Doomsday en los anuncios, restó parte del impacto que debería haber tenido el primer visionado. Después de verla, de hablar largo y tendido sobre ella y de dejar pasar unos días para reflexionar, tengo bastante clara mi opinión sobre Batman v Superman: Dawn of Justice. Estoy convencido de que futuros visionados me permitirán descubrir nuevos matices y detalles que ahora se me escapan, pero mi percepción general de la película ya está formada.


BvS tenía que ser algo grande. Era el encuentro cinematográfico entre los dos iconos más importantes de DC Comics y la piedra angular sobre la que debía construirse todo un universo compartido. La atmósfera sombría, el tono casi melancólico de la historia, la forma en la que se desarrollan los personajes y algunas de las decisiones narrativas consiguieron desmontar una a una todas mis ideas preconcebidas. Durante buena parte del metraje sentí que la película me obligaba constantemente a replantearme lo que creía saber sobre ella. Y no siempre fue una experiencia cómoda.

Tras el espectacular prólogo centrado en Bruce Wayne, la película cambia el foco para mostrarnos cómo es la vida de Superman meses después de los acontecimientos de El Hombre de Acero. Y aquí es donde empiezan algunas de las decisiones más valientes —y también más polémicas— de Zack Snyder. Lejos de presentarnos a un Superman plenamente aceptado por el mundo, la película nos muestra a un personaje sometido a un escrutinio constante. Cada intervención genera debate, cada rescate provoca preguntas y cada acción tiene consecuencias. El mundo se pregunta si alguien con semejante poder debería actuar sin responder ante nadie, mientras Clark Kent intenta encontrar su lugar en una sociedad que lo admira tanto como lo teme. En medio de todo ello, Lois Lane vuelve a desempeñar un papel fundamental. Como ya ocurría en MoS, es ella quien conecta al héroe con su parte más humana. Cuando Superman está junto a Lois vemos al hombre; cuando viste la capa, Snyder parece empeñado en presentarlo casi como una figura divina. Y aquí encontramos uno de los aspectos más discutibles de la película. 



Este Superman salva vidas, pero rara vez parece cercano. Más que un héroe accesible, se asemeja a una presencia casi mitológica, una idea fascinante desde el punto de vista visual pero que lo aleja de la imagen más clásica del personaje. Mientras tanto, la película desarrolla una compleja red de intrigas en la que Bruce Wayne, Alfred y Lex Luthor van ocupando posiciones. 

Jeremy Irons compone un magnífico Alfred, probablemente el mejor acierto del nuevo reparto, mientras que Jesse Eisenberg ofrece una versión de Lex Luthor que seguramente dividirá a los espectadores. Durante buena parte del metraje funciona como un brillante manipulador capaz de enfrentar a Batman, Superman y a la opinión pública sin que ninguno de ellos sea plenamente consciente de ello. El problema llega cuando la película parece convertirlo progresivamente en una especie de científico loco obsesionado con el caos. 

La interpretación de Eisenberg resulta convincente, pero el personaje termina oscilando entre dos conceptos que no siempre encajan bien: el estratega brillante y el agente del caos. Todo ello desemboca en la explosión del Capitolio, probablemente el gran punto de inflexión de la película. A partir de ahí, la historia abandona gran parte de su componente político y acelera hacia el enfrentamiento que todos llevábamos años esperando. Y es aquí donde entra en escena Batman. Si había dudas sobre Ben Affleck, creo que la película las despeja con bastante contundencia. Como Bruce Wayne transmite perfectamente el desgaste de un hombre consumido por años de violencia y frustración. Como Batman resulta imponente, brutal y físicamente creíble como pocas versiones cinematográficas anteriores. Su única gran sombra es la facilidad con la que mata, una decisión que seguramente no gustará a muchos seguidores del personaje. Respecto al esperado combate entre ambos héroes, el resultado es tan espectacular como cabía esperar. Sin embargo, más que un auténtico choque ideológico entre dos formas opuestas de entender la justicia, la pelea termina siendo la culminación del plan de Lex Luthor. 

Batman dispone de la kryptonita y Superman nunca parece dispuesto a luchar realmente contra él, por lo que el enfrentamiento acaba siendo mucho más desigual de lo que muchos esperábamos. Lo que Bruce descubre en el momento final de la lucha es que el ser al que lleva meses considerando una amenaza no es un dios, sino alguien con una familia, con seres queridos y con algo que perder. La idea es interesante, aunque su ejecución seguramente seguirá generando debate durante mucho tiempo. A partir de ese momento la película abandona definitivamente el versus y entra en su último acto. 



La aparición de Doomsday supone para mí el punto más débil del guion, ya que cuesta creer que un hombre tan inteligente como Lex Luthor decida liberar una criatura semejante sin ninguna garantía de poder controlarla. Aun así, el personaje cumple su función como fuerza destructiva imparable y sirve para reunir por primera vez a la Trinidad de DC en la gran pantalla. Y es precisamente aquí donde aparece Wonder Woman. Gal Gadot despeja de golpe todas las dudas que habían acompañado al personaje durante meses. Funciona tanto por presencia física como por carisma, y protagoniza algunos de los momentos más celebrados de la película.


Resulta imposible no pensar, además, en cuánto más impactante habría sido su aparición si los tráileres hubieran sabido guardar el secreto. La imagen de Batman, Superman y Wonder Woman luchando juntos posee una fuerza icónica difícil de describir. Es historia de DC hecha realidad. Pero más allá del espectáculo, el verdadero corazón de la película sigue siendo Superman. Y eso queda especialmente claro durante su tramo final. La conversación con Lois, el sacrificio contra Doomsday y todo lo que viene después refuerzan una idea que ha acompañado al personaje durante toda la historia: por encima de sus poderes, lo que define a Superman es su capacidad de amar. Por eso la pregunta que deja la película resulta tan interesante. ¿Se sacrifica por la humanidad o se sacrifica por Lois? Probablemente ambas respuestas sean válidas. La muerte de Superman está rodada con una enorme carga simbólica y emocional. Snyder vuelve a abrazar sin complejos toda la imaginería mesiánica que ha acompañado al personaje durante el metraje y construye algunas de las imágenes más bellas de toda la película. Puede gustar más o menos esta visión casi divina del héroe, pero resulta difícil negar la potencia visual de la secuencia. 


Los funerales paralelos de Clark Kent y Superman sirven además como un magnífico cierre emocional. Por un lado, el mundo llora a su héroe. Por otro, unos pocos despiden al muchacho de Kansas que realmente conocieron. La película aprovecha también sus últimos minutos para preparar el futuro del universo cinematográfico de DC mediante las apariciones de Aquaman, Cyborg y Flash. Algunas funcionan mejor que otras. De hecho, la famosa visión apocalíptica de Batman y la posterior advertencia de Flash resultan tan intrigantes como desconcertantes. Son secuencias visualmente fascinantes, pero también plantean tantas preguntas que por momentos parecen pertenecer más a futuras películas que a ésta. Y llegados a este punto sólo queda responder a la pregunta más importante. ¿Funciona? Mi respuesta es sí, aunque con importantes matices. No estamos ante una película sencilla ni especialmente complaciente. Su tono es oscuro, su ritmo es pausado y gran parte de la historia gira alrededor del miedo, la culpa y la responsabilidad. Por momentos parece sentirse más cercana a Watchmen que a una aventura clásica de Superman, y ahí encontramos tanto su mayor virtud como uno de sus principales problemas. 

Lo mejor de la película es su extraordinario apartado visual, una banda sonora magnífica, la interpretación de Ben Affleck y la enorme ambición de una propuesta que se atreve a hacer cosas diferentes dentro del género. Lo peor es un Superman excesivamente distante en algunos momentos, ciertas decisiones relacionadas con Lex Luthor y la sensación de que algunas escenas existen más para preparar el futuro del universo DC que para servir a la historia que se está contando. No es exactamente la película que esperaba. Es más oscura. Más amarga. Y también más arriesgada. Pero también creo que es una película que ganará matices con cada nuevo visionado y que el tiempo probablemente terminará tratando mejor de lo que muchos imaginan.

Mi valoración: 7 sobre 10.

martes, 22 de marzo de 2016

Réplica del traje de Dean Cain

Aprovechando el éxito del cómic de la Muerte de Superman, en 1993 se estrenó una serie de televisión que se convirtió en un hito en la historia de Superman. Para algunos de nosotros, los nacidos entre los 80 y 90, Lois y Clark: Las Nuevas Aventuras de Superman ha sido la serie que nos mantuvo entretenidos esas calurosas mañanas de verano, pues era la programación estrella de la televisión pública española durante julio y agosto. Sin duda, una serie que merecía por mi parte un pequeño homenaje.


La trama se centraba en la relación entre Clark Kent y Lois Lane, los mejores periodistas del Daily Planet, con las aventuras del Hombre de Acero como telón de fondo. El episodio piloto presentaba a Clark llegando a Metropolis y buscando trabajo en el Planet, donde finalmente es admitido. Su compañera Lois, es una periodista intrépida y arrogante. Dean Cain interpretó a Clark y Superman, mientras que Teri Hatcher fue Lois. La serie combinaba acción, humor y romance, atrayendo al público con personajes carismáticos y buenos efectos especiales. Aunque  fue mal representado, la serie incluyó a villanos icónicos como Lex Luthor, Metallo y Mr. Mxyzptlk. El elenco también contó con secundarios notables y una banda sonora memorable. La serie culminó con la boda de Lois y Clark, un evento muy esperado, pero su final quedó abierto, dejando un misterio sobre un bebé dejado en la puerta de la casa de Clark y Lois. Aunque se planeaba una quinta temporada, nunca se realizó.


Carátula del VHS del episodio piloto vendido en España.


Tras adquirir el traje de Action Costumes, decidí utilizar partes de un viejo disfraz de Superman, junto a un abrigo viejo, un zentai azul y alguna cosa más, para hacer una réplica del atuendo que llevó Dean Cain a partir del episodio 1x03. ¡Veréis que el resultado final es espectacular!


La capa la he reutilizado de un traje antiguo. Su largo era el óptimo, por lo que sólo había que quitarle el escudo anterior y ponerle el nuevo. También he "reciclado" los calzones y las trabillas.


Os preguntaréis ¿Y los emblemas? Lo bueno de este traje es que los escudos son simples parches. Yo los compré por eBay a esta vendedora de los EE.UU. Ya había visto unos antes pero, mucho más caros y peor hechos.



El cinturón está fabricado a partir de un abrigo amarillo tipo husky. No encontraba una tela acolchada con rombos para el cinturón (recuerdo que era así el detalle de original), pero vi que en Milanuncios se vendía un chambergo con ese tejido por un precio ridículo. La hebilla la hice a partir de un rectángulo de cartón duro, forrado por la tela del abrigo.


Finalmente, las botas. Son unas genéricas de la marca Funtasma (modelo Hero Red PU), que curiosamente son similares a las que usó Dean Cain: Acabado en un solo pico, un poco de tacón y cremallera trasera.


Os invito a ver mis otras réplicas de los trajes de Superman (Reeve, Routh y Cavill) haciendo click en este enlace.